Inquieta sensación sinestésica
Antes de que mis ojos se pasearan por todas esas transparencias agudizadas, donde primero se posaron fue en el color más intenso, luego deteniéndose suavemente alrededor de cada luminosidad particular. Pienso que lo más impresionante de la obra de Sara Diciero es la manifestación abstracta del color y la pureza de la intensidad lumínica. El color deja en la mente una exaltación de vida pues el cuadro parece tener luz propia.
Este impacto de luz provoca una sensación de acariciar una cicatriz en la tierra. Rojizos intensos, casi puedes sentir el calor del sol; violáceos y azules insondables, un camino dúctil a superficies lunares escabrosas pero sensuales.
Insisto en que el protagonismo en el que participa la luz; es lo que crea un contraste al atravesar la penumbra del espacio, esto con la intervención del color sensibiliza la retina.
Mirar esta vorágine de color nos aventura libremente a sugestivas interpretaciones en lugares sensibles de un mundo interior que se resbala en misteriosas superficies recónditas y fantasmagóricas.